miércoles, 10 de septiembre de 2008

Sobre Crímenes perfectos (otra de Lucio)

-No hay crímenes perfectos, amigo. Hay policías corruptos o ineptos que no saben ni como atarse el zapato… o hábiles picapleitos conocedores de todos los vericuetos legales. La perfección, como todo lo demás, nace de la imperfección de los otros o se compra…


Lucio, siempre Lucio y su eterna manía de instruir a los muertos.

- No tengo ni idea quien pagará a esos guionistas de series de televisión que alucinan con lo eficientes que son los policías y lo ineptos que somos nosotros, los delincuentes. Porque yo soy un delincuente… supongo que ya te habrás dado cuenta a estas alturas del guión... me dedico a matar a gente. Me pagan por ello. He matado varias docenas, lo llevo haciendo desde que era un adolescente y ¿quieres saber la verdad, ahora que la gran verdad te acecha?... nunca han encontrado ni una sola prueba que me incrimine en ninguno de mis múltiples delitos. No es que sea especialmente cuidadoso… tampoco doy facilidades, no nos engañemos, pero sólo me han investigado en un par de ocasiones y resultó fácil convencerles para que miraran en otra dirección.

Lucio aspira hondamente el cigarrillo y continua su monólogo. mientras exhala el humo. El tipo en el suelo, atado y quejumbroso, trata de emitir algún sonido pero tan sólo acierta a lloriquear.

-Te voy a contar que pasará dentro de unas semanas, quizás con suerte unos días, cuando alguien encuentre tu cadáver tumefacto en este paraje tan hermoso: Serán un par de excursionistas que aterrorizados llamarán al 112 y vendrán un par de guardias civiles del cuerpo rural, de esos que van en moto, que plagaran todo el escenario de sus huellas, eso si no ha venido antes algún animal de rapiña a nutrirse de tu carne, cosa harto probable. Luego vendrá alguien de la policía judicial, puteado por haber tenido que desplazarse hasta el quinto coño en pleno invierno con un frío de tres pares… y que lo único que tiene en su cabeza es acabar rapidito y volver a su oficina, que tiene calefacción. Después le tocará el turno a un juez de pueblo que los únicos cadáveres que levanta son los de ancianos a los que sorprendió un infarto mientras tomaban el sol en la plaza.

Lucio termina su cigarro y se prepara con ritual alevosía: tirar el cigarrillo, ponerse los guantes, sacar la Beretta y pasarla ante los ojos del infeliz.

-Te llevarán al tanatorio donde un forense no tardará más de cinco minutos en averiguar la causa de tu muerte… los hay muy tontos pero todos saben reconocer un tiro en mitad de la frente, por muy deteriorado que te encuentres… Al cabo de unos días te identificaran y comprobarán que no eres más que un camello de tercera fila que a nadie importa y tu expediente quedará sepultado per secula seculorum en el archivo de un pueblo de mala muerte: ajuste de cuentas, se titulara tu epitafio. Ya sé que no es perfecto, amigo… pero es lo que hay. En fin…

El viento arrecia y las hojas, secas y doradas, se arremolinan por entre el sotobosque y los pies de Lucio. El sonido de la detonación se pierde en la inmensidad del bosque, sin siquiera un mísero eco que lo denuncie. Cesan los gemidos y aparece el ruido de un motor al encenderse, ruedas que patinan sobre el barro y los primeros acordes de un blues. La noche viene fría y húmeda, y ha comenzado a posarse sobre la Sierra de Gredos.