sábado, 11 de octubre de 2008

Ser o no ser

Jadeante avanza por entre los árboles del bosque, sus pies desnudos van dejando rastro de sangre sobre las hojas secas y la nieve incipiente. A trompicones, con ojos desencajados que miran en todas las direcciones y no ven nada, que sólo sienten como el sudor y la sangre, que recorre desde la frente hasta el párpado, les penetra cegándolos.

Corre desesperado como sólo lo puede hacer alguien que huye de la muerte, que ha visto sus fauces y ha podido esquivar una primera embestida, negra y helada como nada nunca antes. Se detiene exhausto. Puede escuchar los pasos crujiendo tranquilos entre las hojas, no muy lejos. Y su risa…


- ¿No ves que no puedes ir a ningún lado, desgraciado? Descalzo, maniatado y medio ciego... hay que joderse... ¿Has llegado a atisbar esperanza o sólo ha sido tu instinto de supervivencia actuando autónomo?... es una gran pregunta, no creas...verás... yo tengo la teoría de que llegadas determinadas circunstancias, como las que nos ocupan... bueno, las que te ocupan a ti, para ser más exactos, decía... en determinadas circunstancias el ser humano deja de lado cualquier atisbo de racionalidad y retorna, inevitablemente, a un estado primigenio que creía olvidado pero que, ¡oh, sorpresa!... anida aletargado en su interior... sólo hace falta una dosis de adrenalina, como la que te ocupa, para despertarlo...


Lucio se queda mirando el horizonte de montañas cubiertas por las primeras nieves del invierno y enciende un pitillo; con la primera exhalación de humo y vaho, sigue hablando.

- ...a mi me gustaría sentirlo, ¿sabes?... a veces me digo que ese hecho, tan simple, es la razón por la que soy tan buen asesino... exterminador, diría yo. Consigo controlar mis dosis de adrenalina en cantidad suficiente para que mi cabeza no se descontrole y deje de pensar... si estuviera en tu posición, si por prédica divina cambiáramos nuestros papeles en este mismo instante, ya hace tiempo que hubiera asumido mi destino y estaría, más que probablemente, tranquilo y pensando... ¡qué te jodan! Pero esta claro que tú no eres de esa pasta y que el animal que llevas dentro te ha poseído y paraliza tu razón... pero bueno, esto es algo que carece de importancia en este momento ¿no crees?... nada va a cambiar el final del cuento



- ¡Qué te jodan! -acierta a balbucear aquel desecho de mediana edad, con sonrisa balbuceante y apenas perceptible- ¡Qué coño, hijoputa, tienes razón¡... ¡Me cagüen ti y en tos tus putos muertos! – quiere continuar pero no puede; comienza a toser mientras ríe con carcajada entrecortada.


Lucio carga su Beretta, no atiende a rituales y dispara a quemarropa en la frente de Paco Luciérnagas, de profesión contable, de afición desfalcador. Ni siquiera ha terminado su cigarro pero es que nadie se caga en sus muertos, que son suyos y de nadie más.


Nuevamente se queda mirando el horizonte con gesto de pensamiento y cae en la cuenta que esta vez le pudo la adrenalina. Una sonrisa se dibuja en su rostro destensando su gesto: hay que joderse, se dice, mientras tira su cigarrillo sobre el cadáver de Paco.




1 comentario:

mari dijo...

mmmmmm

tengo ganas de disparar

me enseñas?